Ofrecimiento de flores espirituales ♦♦♦♦♦♦ Reflexionar en los principales misterios de la vida de María ♦♦♦♦♦♦ Recordar las apariciones de la Virgen ♦♦♦♦♦♦ Meditar en los cuatro dogmas sobre la Virgen María (Inmaculada Concepción, Maternidad divina, Perpetua virginidad y Asunción al Cielo) ♦♦♦♦♦♦ Recordar y honrar a María como Madre de todos los hombres ♦♦♦♦♦♦ Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen ♦♦♦♦♦♦ Vivir una devoción real y verdadera a María (Mirar a María como a una madre, demostrarle nuestro cariño, confiar plenamente en Ella, imitar sus virtudes) ♦♦♦♦♦♦ Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María ♦♦♦♦♦♦ Cantar las canciones dedicadas a María

¿Cómo no amarte? ...


Cómo no amarte es el reconocimiento del acompañamiento de María como Madre en cada una de nuestras vidas. Cuando volvemos nuestros ojos a Ella, nos damos cuenta de que hay múltiples razones por las cuales admirarla, amarla y venerarla. María es el mejor ejemplo a seguir, el mejor apóstol. Ella no vaciló en ningún momento, ni puso en tela de juicio la voluntad del Señor, vivió la alegría y la profunda tristeza en el silencio. Invita a no causarle más dolor a su Inmaculado Corazón y a aceptarle en nuestra casa como bien le dijo Jesús a su discípulo amado y hoy nos dice a nosotros en Jn 19,25-27: "Mujer, he ahí a tu hijo". Y después dijo al discípulo: He ahí a tu madre". De su mano aprenderemos a ser fieles al Señor y a crecer en la fe, la esperanza y la caridad.




Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: "No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta." Apartaré de ti la amenaza, el oprobio que pesa sobre ti...  

(Sof. 3, 14-18)


Madre de Dios Hijo

La relación fundamental de María con respecto a su Hijo Jesús es la de su Maternidad. Encontramos la fórmula veneranda del Concilio de Éfeso, definida en el año 431: María es Madre de Dios (Theotokos), como no dudaron los Santos Padres en llamarla. Así la invocaban los fieles ya antes de ese Concilio, en el sigo IV y quizás en el III. En un papiro han llegado hasta nosotros las palabras de la más antigua oración mariana que se rezó en la Iglesia, y que contiene el título de Madre de Dios aplicado a María: Bajo tu misericordia nos refugiamos, ¡oh Madre de Dios!; no desprecies nuestras súplicas en la necesidad, sino líbranos del peligro, sola pura, sola bendita. La oración es muy significativa. Por la relación de Madre que María tiene con Jesús, se comprende la singular eficacia de su intercesión. A esto se debe que los fieles, ya en los primeros siglos, acudieran a Ella confiadamente en su necesidad e indigencia.

Pero, incluso antes de fijar la atención en la importancia intercesora que se deriva de que María es Madre de Dios, convendría subrayar el relieve teológico de primer plano que el título encierra. Frente a Nestorio, san Cirilo de Alejandría y el Concilio de Éfeso comprendieron que lo que estaba en juego era el dogma fundamental del cristianismo: que Jesús es Persona divina; que no hay en Él sino un único sujeto último de responsabilidad, que es la Persona del Logos. Ello permite decir con verdad que Dios (y no sólo un hombre) por nosotros ha padecido, ha sido crucificado e incluso ha sufrido la muerte. Es impresionante que para garantizar esta verdad se recurriera a un título mariano: la Santísima Virgen es la Madre de Dios.

Finalmente conviene no olvidar que la Maternidad de María con respecto al Hijo de Dios asocia su existencia a la de su Hijo. Ella es la Madre santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo. Ella es la Nueva Eva asociada a Cristo, el Nuevo Adán, según una temática que comenzó a desarrollarse en la Iglesia a partir del siglo II. Si la primera Eva dialogó con el demonio, desobedeció a Dios y trajo sobre el mundo muerte y ruina, María, la Nueva Eva, dialoga con el Ángel, obedece a Dios y trae al mundo al Salvador y, con Él, la salvación.

P. Cándido Pozo S.J.

Consagración del Mundo a María, Año de la Fe

ACTO DE CONSAGRACIÓN A MARÍA


Virgen de Fátima - Pza. S. Pedro, 13/10/2013
Beata Maria Vergine di Fatima,
con rinnovata gratitudine per la tua presenza materna
uniamo la nostra voce a quella di tutte le generazioni
che ti dicono beata.

Celebriamo in te le grandi opere di Dio,
che mai si stanca di chinarsi con misericordia sull’umanità,
afflitta dal male e ferita dal peccato,
per guarirla e per salvarla.

Accogli con benevolenza di Madre
l’atto di affidamento che oggi facciamo con fiducia,
dinanzi a questa tua immagine a noi tanto cara.

Siamo certi che ognuno di noi è prezioso ai tuoi occhi
e che nulla ti è estraneo di tutto ciò che abita nei nostri cuori.

Ci lasciamo raggiungere dal tuo dolcissimo sguardo
e riceviamo la consolante carezza del tuo sorriso.
Virgen de Fátima - Mon. Mater Eclessiae

Custodisci la nostra vita fra le tue braccia:
benedici e rafforza ogni desiderio di bene;
ravviva e alimenta la fede;
sostieni e illumina la speranza;
suscita e anima la carità;
guida tutti noi nel cammino della santità.

Insegnaci il tuo stesso amore di predilezione
per i piccoli e i poveri,
per gli esclusi e i sofferenti,
per i peccatori e gli smarriti di cuore:
raduna tutti sotto la tua protezione
e tutti consegna al tuo diletto Figlio, il Signore nostro Gesù.

Amen.

Santa Misa con ocasión de la Jornada Mariana en el Año de la Fe
Plaza de San Pedro, 13 de octubre de 2013
Papa Francisco

"Maria Knotenlöserin"



"Maria Knotenlöserin"  


Santa María desatadora de nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios,
durante los días de tu vida aceptaste con
toda humildad la voluntad del Padre,
y el Maligno nunca fue capaz de enredarte con
sus confusiones.

Ya junto a tu Hijo
intercediste por nuestras dificultades y,
con toda sencillez y paciencia,
nos diste ejemplo de cómo desenredar
la madeja de nuestras vidas.
Y al quedarte para siempre como
Madre Nuestra, pones en orden y haces mas
claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra,
Tú que con corazón materno desatas los
nudos que entorpecen nuestra vida,
te pedimos que nos recibas en tus manos
y que nos libres de las ataduras y confusiones
con que nos hostiga el que es nuestro enemigo.
Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo,
líbranos de todo mal, Señora Nuestra
y desata los nudos, que impiden nos unamos a Dios,
para que libres de toda confusión y error,
los hallemos en todas las cosas,
tengamos en El puestos nuestros
corazones y podamos servirle
siempre en nuestros hermanos. Amén

Yo voy a rezar por ti. Tú puedes rezar por mi.


"MAY FEELINGS V"   -   PROYECTO MAYO ´2012

En este mes de Mayo, mes de María ...

"Yo voy a rezar por ti. Tú puedes rezar por mi."




Madre de la Fe


Toledo, 23 de enero de 2012 


(Solemnidad de San Ildefonso en el "Año de la Fe")



 "A ti acudo ahora, Virgen única, Madre de Dios; a tus pies me arrodillo, cooperadora única de la Encarnación de mi Dios (…) Haz que ame la gloria de tu virginidad; revélame la dulzura de tu Hijo; dame la gracia de hablar con toda sinceridad de la fe de tu Hijo, y de saber defenderla (…) que conozca a Jesús, por el mismo Espíritu que a ti te hizo conocer y concebir a Jesús; que hable yo de Jesús, por el mismo Espíritu por el cual tú te declaraste sierva del Señor; que ame a Jesús, por el mismo Espíritu por medio del cual tú le adoras como tu Señor y le amas como Hijo tuyo; que obedezca, finalmente, a Jesús con la misma sinceridad con que Él, siendo Dios, te obedeció a ti y a José" ...

S. Ildefonso de Toledo

Gaude, Mater Polonia !


Ciesz się, Matko Polsko!

Bo syna masz szlachetnego

Sław liczne niezwykłe czyny

Godnego sługi bożego.

Amen.
 
 

El Papa de María

 
  •  Dos aspectos fundamentales de la piedad mariana de Juan Pablo II :
 1) Profundo amor filial a la Virgen, expresado en una ininterrumpida conversación con Ella, y la confianza abundante en el poder de Su intercesión.

2) El deseo, nacido de este amor y confianza, de consagrar, encomendarse a sí mismo, a la Iglesia y al mundo, al cuidado maternal de María.
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  •  Fuentes desde donde se forma su espiritualidad sobre la consagración mariana :
1) Su piedad en el Santuario de Czestochowa (encontrando como experiencia real la maternidad de María)
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2) La doctrina espiritual de San Luis María Grignion de Montfort : María como el camino más seguro, corto, fácil y perfecto de llegar a Jesucristo. María es un instrumento único y excelente de la redención de Cristo. Ella es el canal más privilegiado de su gracia, un canal elegido por el cual las
 gracias llegan a la humanidad con una extraordinaria abundancia. Donde María está presente, la gracia abunda y los hombres son sanados en cuerpo y alma.
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Está siempre dispuesto a admitir que esta doctrina de consagración está muy en el corazón de su relación personal y comunión con Cristo. Es obvio que la doctrina espiritual y enseñanza sobre la consagración montfortiana es parte integral de la enseñanza espiritual de Juan Pablo II.

3) El ejemplo y doctrina espiritual de S. Maximiliano Mª Kolbe ha llevado a Juan Pablo II a ver la consagración a María como medio poderoso para maximizar nuestras obras y para establecer el reino de Cristo en las almas y en la sociedad. Les dice a los polacos después de la canonización del P. Kolbe: "Ved lo que puede hacer un hombre que se ha consagrado totalmente a Cristo a través de la Santísima Virgen”
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(En 1966, toda la jerarquía polaca, en el Santuario de Czestochowa, renovó la consagración a María, y le pidieron a Ella, que usara a los polacos o a un polaco como instrumentos en sus manos para el bien de la Iglesia.)
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- Está claro que más que ningún otro Papa en la historia de la Iglesia, él está plenamente comprometido a la consagración personal, de la Iglesia y del mundo a la Santísima Virgen. Un gran famoso mariólogo, Stephano di Fiores dice : "Si los últimos Papas han hablado favorablemente sobre la consagración mariana, Juan Pablo II la ha hecho una de las características claves de su Pontificado. Para Juan Pablo II la consagración Mariana es un punto elemental en su programa de vida espiritual y pastoral"
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- Junio 1982 (hablándole a la Curia) : "Este año ha sido de manera especial, después del atentado contra mi vida que ocurrió en el Aniversario de la Aparición de Fátima, una ininterrumpida conversación con María. Repetidamente, le he confiado a Ella el destino de toda las gentes. Esto lo comencé con el acto de consagración el 8 de diciembre de 1981 en la fiesta de la Inmaculada Concepción y consagrando en sus santuarios marianos, a todos los países que he visitado.... Mi peregrinación a Fátima : fue un acto de agradecimiento personal a Nuestra Señora; el cumplimiento de un voto por la protección que se me dio a través de la Virgen y un acto solemne de consagración de toda la raza humana a la Madre de Dios, en unión con toda la Iglesia a través de este humilde siervo".
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  •  Como Papa su "programa" ha sido :
- Llevar a toda la Iglesia hacia una profunda unión espiritual con Cristo a través de María, por medio de la Consagración Total. Se ha dedicado a despertar en toda la Iglesia, el amor, y devoción filial a la Santísima Virgen.
Abiertamente ha proclamado ser un Papa Mariano, que reconoce la necesidad de que la Iglesia, sus hijos y el mundo entero se consagren al Inmaculado Corazón de María, refugio seguro en estos tiempos difíciles.
- El 8 de Diciembre de 1978 inicia oficialmente su programa de consagración del mundo entero. Empezando con Roma, y continuando en todos sus viajes apostólicos con esta misión.
- El 13 de Mayo de 1982, hace la primera consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María desde Fátima.
- En 1984 : Consagra la Iglesia y el mundo entero al Inmaculado Corazón de María, junto con todos los obispos del mundo católico
- En 1987 : proclama un Año Mariano (dos en la historia de la Iglesia : 1954 y 1987) Lo inicia con el rezo mundial del Santo Rosario, que fue televisado. (párrafo de la oración del año mariano : "A ti Madre de la familia humana y de todas las naciones, confiadamente te consagramos toda la humanidad con sus miedos y esperanzas. No permitas que le falte la luz de la verdadera sabiduría. Guía sus pasos por el camino de la paz. LLévanos a encontrar a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida. Sostén, Oh Virgen María, nuestra fe y obten para nosotros la gracia de la salvación eterna".)
- En 1987 escribe la encíclica “Madre del Redentor”. Habla de la Consagración montfortiana (n.48). Juan Pablo II nos ha dado una profunda catequesis sobre la Consagración a María en esta encíclica.
- En 1994 en el libro “Cruzando el umbral de la esperanza”, claramente muestra la razón de su esperanza : ha confiado el mundo entero al Corazón Inmaculado de María. La victoria si llega, llegará por medio de María. En su último libro “Don y Misterio”, habla claramente de su vocación como fruto de la consagración montfortiana.
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Hay una profunda continuidad en lo que Karol Wojtyla enseñó como Arzobispo de Cracovia y lo que continúa enseñando como Papa en relación a la consagración. Aunque él no ha presentado nada en este tema como definición solemne ex-cathedra, sí podemos concluir que sus actos habituales de consagraciones, sus solemnes consagraciones del mundo y de naciones individuales, sus frecuentes enseñanzas que profundizan en la teología de la consagración o entrega confiada a la Madre de Dios, especialmente en la encíclica Redemptoris Mater, constituyen un ejercicio auténtico del magisterio ordinario del Papa. (Su mente y su voluntad pueden ser conocidas por el carácter de los documentos, por repetición frecuente y su forma de hablar)
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Juan Pablo II y la consagración mariana


El Beato Juan Pablo II es heredero de una gran tradición eclesial de consagración mariana. Conocido por su amor filial y profunda devoción a María, ha dado un énfasis particular y podríamos decir, nuevo, a la necesidad de la consagración a María.

Un punto clave en su vida ha sido la Consagración a María :

- Desde niño, es movido a entregar su vida a la Virgen

- En su juventud asistía con regularidad a la Basílica de Kalwaria, donde meditaba en la Pasión de Cristo y en los misterios de la vida de María. Allí, empezó a apropiarse de la invitación de Jesús : "He aquí a tu Madre".

- En Jasna Gora se entrega y confía su vida a la Virgen de Czestochowa, "sede del real dominio de la Virgen", patrona y reina de Polonia. En una ocasión dijo en una entrevista a Andreé Frossard: "mi relación con la Madre de Dios, tan personal e interior, ha surgido desde mi niñez y juventud gracias a la corriente tan fuerte que existe en Polonia hacia la Madre de Dios.

- En 1939, durante la invasión nazi, llega a sus manos el libro “Tratado de la Verdadera devoción a María", de S. Luis Mª Grignión de
Montfort. Trabajaba en una fábrica y en todos los momentos de descanso se iba a leer. En algún momento confiesa que la lectura de ese libro fue el punto decisivo en su vida; descubre la profundidad teológica de la consagración que desde niño ya había experimentado, y es entonces, en este profundo camino interior recorrido en el Corazón de María cuando se desarrolla su vocación sacerdotal, llevando su seminario clandestinamente.

- Inicia su vida de plena consagración a la Santísima Virgen según lo propone S. Luis Mª, aunque más bien “se inicia” porque para él nunca le será suficiente adentrarse en lo que conlleva esta entrega a la Madre de Dios. No es un libro sobre el que baste decir “haberlo leído”, él lo tiene en su cabecera. Esta enseñanza perduró como la mayor influencia en su vida hasta el final. El descubre en la doctrina montfortiana lo que la consagración puede hacer en el alma, para irla asemejando a Cristo.

- Su ordenación : consagra su sacerdocio a la Virgen Santísima, luego consagra su ordenación episcopal y más tarde también encomienda su vida y misión como cardenal. Cada etapa de la vida de Juan Pablo II consagrada, confiada a la Santísima Virgen. Ella, quien lo acogió en su entrega, lo va formando y moldeando, llevándolo por caminos inesperados. El fruto de su consagración a Ella lo vemos evidentemente en la vida de quien ha sido el Vicario de Cristo y Cabeza visible de la Iglesia en estos tiempos tan difíciles.

- En 1978 inicia su papado, que por supuesto consagra a la Virgen. Sus primeras palabras después de haber sido elegido Papa : (16 de octubre de 1978) : "Tenía miedo de aceptar esta nominación, pero lo hice en espíritu de obediencia a Nuestro Senor Jesucristo y en total entrega y confianza a Su Madre, la Santísima Virgen. Y así me presento ante vosotros, para confesar nuestra fe común, esperanza, y confianza en la Madre de Cristo y de la Iglesia".

- Su lema papal: "Totus Tuus" (de S. Luis Mª) : "Soy todo tuyo, y todo lo que tengo es tuyo, Oh Santísimo Jesús, a través de María tu Santísima Madre"

- Su escudo de armas : Lleno de sencillez. El escudo : la Cruz de Cristo; en el panel derecho, una M : la presencia y total colaboración maternal de María en el Misterio de la Salvación; el panel izquierdo, vacío : Esperando ser ocupado por cada discípulo de Cristo que este dispuesto a participar del sacrificio redentor y a ser como Juan, el que se entrega a la Madre y es acogido por ella.

- En distintas ocasiones pidió padres montfortianos trabajar en recopilar y presentar documentos para la proclamación de S. Luis Mª como Doctor de la Iglesia.

Este es el secreto de un santo ...


Porque hay secretos que merecen ser desvelados ...


Ella quería corazones valientes ...

... y él nos dijo : "¡No tengais miedo!"

13.05.1981 : Hace 30 años ...

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AUDIENCIA GENERAL  -   Miércoles 12 de mayo de 1982


Queridísimos hermanos y hermanas:

1. ¡Os doy la bienvenida! Me siento feliz de poderme encontrar con vosotros también esta mañana, antes de emprender la peregrinación a Fátima (Portugal), donde pienso llegar esta tarde para estar en aquel santuario mañana, aniversario de la primera aparición de la Virgen, en el ya lejano 1917, y aniversario del percance, para mí especialmente significativo, que tuvo lugar en esta plaza el 13 de mayo de 1981.

Voy al encuentro de los generosos hijos de Portugal, impulsado por el deseo de testimoniar mi estima y mi afecto, y al mismo tiempo, de "comunicarles algún don espiritual, para que queden confirmados" (cf. Rom 1, 11). Especialmente, voy como peregrino de fraternidad y de paz a la tierra que la Virgen eligió para lanzar al mundo su apremiante llamada a la oración, a la conversión y a la penitencia.

2. Efectivamente, no voy en peregrinación a Fátima únicamente para manifestar mi gratitud a la Virgen. También voy a ese lugar bendito para escuchar de nuevo en nombre de toda la Iglesia, el mensaje que resonó, hace ya 65 años, en los labios de la Madre común, preocupada por la suerte de sus hijos. Ese mensaje se revela hoy más actual y más urgente que nunca. En efecto, ¿cómo no sentirnos preocupados ante la inundación del secularismo y permisivismo, que tan gravemente inciden los valores fundamentales de la norma moral cristiana?[...]

Con estos pensamientos y estos anhelos en el corazón me arrodillare a los pies de María, para implorar su intercesión materna y para ofrecerle, al mismo tiempo, en nombre de todos los hijos de la Iglesia, la promesa de la oración, del arrepentimiento y de la reparación. Confío que este gesto mío sirva para despertar en los creyentes un renovado sentido de responsabilidad, impulsando a cada uno a preguntarse lealmente sobre la propia coherencia con los valores del Evangelio[...]

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PREGHIERA DEL SANTO PADRE GIOVANNI PAOLO II DI AFFIDAMENTO E DI CONSACRAZIONE ALLA VERGINE  -  Fátima, 13 maggio 1982

“Sotto la tua protezione cerchiamo rifugio, santa Madre di Dio”!


1. Pronunciando le parole di questa antifona,
con la quale la Chiesa di Cristo prega da secoli,
mi trovo oggi in questo luogo da te scelto
e da te, Madre, particolarmente amato.

Sono qui, unito con tutti i Pastori della Chiesa
in quel particolare vincolo,
mediante il quale costituiamo un corpo e un collegio,
così come Cristo volle gli Apostoli
in unità con Pietro.

Nel vincolo di tale unità,
pronunzio le parole del presente Atto,
in cui desidero racchiudere,
ancora una volta,
le speranze e le angosce della Chiesa
nel mondo contemporaneo.

Quaranta anni fa
e poi ancora dieci anni dopo
il tuo servo, il Papa Pio XII,
avendo davanti agli occhi
le dolorose esperienze della famiglia umana,
ha affidato e consacrato al tuo Cuore Immacolato
tutto il mondo
e specialmente i popoli che erano particolare oggetto
del tuo amore e della tua sollecitudine.

Questo mondo degli uomini e delle nazioni
ho davanti agli occhi anch’io oggi,
nel momento in cui desidero rinnovare
l’affidamento e la consacrazione compiuta
dal mio predecessore nella Sede di Pietro:
il mondo del secondo millennio che sta per terminare,
il mondo contemporaneo,
il nostro mondo odierno!

La Chiesa memore delle parole del Signore:
“Andate . . . e ammaestrate tutte le nazioni . . .
Ecco, io sono con voi tutti i giorni,
fino alla fine del mondo” (Mt 28, 19-20),
ha rinnovato, nel Concilio Vaticano II,
la coscienza della sua missione in questo mondo.

E perciò, o Madre degli uomini e dei popoli,
tu che “conosci tutte le loro sofferenze e le loro speranze”,
tu che senti maternamente tutte le lotte
tra il bene e il male, tra la luce e le tenebre,
che scuotono il mondo contemporaneo,
accogli il nostro grido che,
come mossi dallo Spirito Santo,
rivolgiamo direttamente al tuo Cuore
e abbraccia, con l’amore della Madre e della Serva,
questo nostro mondo umano,
che ti affidiamo e consacriamo,
pieni di inquietudine
per la sorte terrena ed eterna degli uomini e dei popoli.

In modo speciale ti affidiamo e consacriamo
quegli uomini e quelle nazioni,
che di questo affidamento e di questa consacrazione
hanno particolarmente bisogno.

“Sotto la tua protezione cerchiamo rifugio,
santa Madre di Dio”!
Non disprezzare le suppliche di noi che siamo nella prova!
Non disprezzare!
Accogli la nostra umile fiducia e il nostro affidamento!

2. “Dio infatti ha tanto amato il mondo da dare il suo Figlio unigenito,
perché chiunque crede in lui non muoia,
ma abbia la vita eterna” (Gv 3, 16).
Proprio questo amore ha fatto sì che il Figlio di Dio abbia consacrato se stesso:
“Per loro io consacro me stesso,
perché siano anch’essi consacrati nella verità” (Gv 17, 19).

In forza di quella consacrazione
i discepoli di tutti i tempi
sono chiamati a impegnarsi per la salvezza del mondo,
ad aggiungere qualcosa ai patimenti di Cristo
a favore del suo Corpo che è la Chiesa (cf. 2 Cor 12, 15; Col 1, 24).

Davanti a te, Madre di Cristo,
dinanzi al tuo Cuore Immacolato,
io desidero oggi,
insieme con tutta la Chiesa,
unirmi col Redentore nostro
in questa sua consacrazione per il mondo e per gli uomini,
la quale solo nel suo Cuore divino
ha la potenza di ottenere il perdono
e di procurare la riparazione.

La potenza di questa consacrazione dura per tutti i tempi
ed abbraccia tutti gli uomini, i popoli e le nazioni,
e supera ogni male,
che lo spirito delle tenebre
è capace di ridestare nel cuore dell’uomo
e nella sua storia e che, di fatto, ha ridestato nei nostri tempi.

A questa consacrazione del nostro Redentore,
mediante il servizio del successore di Pietro,
si unisce la Chiesa, Corpo mistico di Cristo.

Oh, quanto profondamente
sentiamo il bisogno di consacrazione
per l’umanità e per il mondo:
per il nostro mondo contemporaneo,
nell’unità con Cristo stesso!

L’opera redentrice di Cristo, infatti,
deve essere partecipata dal mondo
per mezzo della Chiesa.

Oh, quanto ci fa male, quindi,
tutto ciò che nella Chiesa e in ciascuno di noi
si oppone alla santità e alla consacrazione!
Quanto ci fa male
che l’invito alla penitenza,
alla conversione, alla preghiera,
non abbia riscontrato quell’accoglienza che doveva!

Quanto ci fa male
che molti partecipino così freddamente all’opera della Redenzione di Cristo!
Che così insufficientemente si completi nella nostra carne
“quello che manca ai patimenti di Cristo” (Col 1, 24).

Siano quindi benedette tutte le anime,
che obbediscono alla chiamata dell’eterno Amore!
Siano benedetti coloro che,
giorno dopo giorno,
con inesausta generosità accolgono il tuo invito,
o Madre,
a fare quello che dice il tuo Gesù (cf. Gv 2, 5)
e danno alla Chiesa e al mondo una serena testimonianza di vita
ispirata al Vangelo.

Sii benedetta sopra ogni cosa tu,
Serva del Signore,
che nel modo più pieno
obbedisci alla Divina chiamata!

Sii salutata tu, che sei interamente unita
alla consacrazione redentrice del tuo Figlio!

Madre della Chiesa!
Illumina il Popolo di Dio sulle vie della fede,
della speranza e della carità!
Aiutaci a vivere con tutta la verità della consacrazione di Cristo
per l’intera famiglia umana del mondo contemporaneo.

3. Affidandoti, o Madre,
il mondo, tutti gli uomini e tutti i popoli,
ti affidiamo anche la stessa consacrazione per il mondo,
mettendola nel tuo Cuore materno.

Oh, Cuore Immacolato!
Aiutaci a vincere la minaccia del male,
che così facilmente si radica nei cuori degli stessi uomini d’oggi
e che nei suoi effetti incommensurabili già grava sulla nostra contemporaneità
e sembra chiudere le vie verso il futuro!

Dalla fame e dalla guerra, liberaci!

Dalla guerra nucleare, da una autodistruzione incalcolabile, da ogni genere di guerra, liberaci!

Dai peccati contro la vita dell’uomo sin dai suoi albori, liberaci!

Dall’odio e dall’avvilimento della dignità dei figli di Dio, liberaci!

Da ogni genere di ingiustizia nella vita sociale, nazionale e internazionale, liberaci!

Dalla facilità di calpestare i comandamenti di Dio, liberaci!

Dai peccati contro lo Spirito Santo, liberaci! liberaci!

Accogli, o Madre di Cristo, questo grido carico della sofferenza di tutti gli uomini!
Carico della sofferenza di intere società!

Si riveli, ancora una volta, nella storia del mondo l’infinita potenza dell’Amore misericordioso!
Che esso fermi il male!
Trasformi le coscienze!
Nel tuo Cuore Immacolato si sveli per tutti la luce della Speranza!

Una speciale preghiera voglio ancora rivolgerti,
o Madre che conosci le ansie e le preoccupazioni dei tuoi figli.

Con invocazione accorata ti supplico
di interporre la tua intercessione per la pace nel mondo,
tra i popoli che, in diverse regioni,
contrasti di interessi nazionali o atti di ingiusta prepotenza
oppongono sanguinosamente fra di loro.

Ti supplico, in particolare,
perché abbiano fine le ostilità che dividono
ormai da troppi giorni
due grandi Paesi nelle acque dell’Atlantico meridionale,
cagionando dolorose perdite di vite umane.
Fa’ che si trovi finalmente
una soluzione giusta e onorevole fra le due parti,
non solo per la controversia che le divide e minaccia
con imprevedibili conseguenze,
ma anche e soprattutto per il ristabilimento fra esse
della più alta e profonda armonia,
quale conviene alla loro storia,
alla loro civiltà,
alle loro tradizioni cristiane.  


Oración del Papa a María en la Vigilia del Circo Massimo


Oración final de Benedicto XVI

Vigilia de preparación a la Beatificación de Juan Pablo II

Circo Massimo de Roma, 30 de abril de 2011





Ave María, Mujer pobre y humilde,

bendecida por el Altísimo.

Vírgen de la esperanza, profecía de los tiempos nuevos,

nosotros nos unimos a tu canto de alabanza

para celebrar las misericordias del Señor,

para anunciar la venida del Reino de Dios

y la plena liberación del hombre.



Ave María, humilde sierva del Señor,

gloriosa Madre de Cristo.

Virgen fiel, morada santa del Verbo,

enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,

a ser dóciles a la voz del Espíritu,

atentos a su llamada en la intimidad de la conciencia

y a sus manifestaciones en los eventos de la Historia.



Ave María, Mujer del dolor,

Madre de los que viven

Virgen esposa ante la Cruz, Eva nueva,

sé nuestra guía en los caminos del mundo,

enséñanos a vivir y a defender el amor de Cristo,

a llevar con humildad nuestra cruz

y estar contigo ante la Cruz de Cristo

-ante los débiles, los que sufren, los marginados, los pobres-

y a conocer en sus rostros el rostro de Cristo.



Ave María, Mujer de la fe antes que los discípulos

Virgen Madre de la Iglesia, ayúdanos siempre

a dar razón de la esperanza que hay en nosotros,

confiando en la bondad del hombre creado por Dios

a su imagen y en el amor del Padre.

Enséñanos a renovar el mundo desde adentro:

en la profundidad del silencio y de la oración,

en la alegría del amor fraterno,

en la fecundidad insustituible de la Cruz.



Santa María, Madre de los creyentes,

ruega por nosotros.

Amén.

El Beato del "Totus Tuus"



"En el período en el que iba tomando fuerza mi vocación sacerdotal, mi manera de entender el culto a la Madre de Dios experimentó un cierto cambio. Estaba ya convencido de que Maria nos lleva a Cristo, pero en aquel período empecé a entender que también Cristo nos lleva a su Madre.

Hubo un momento en el cual me cuestioné de alguna manera mi culto a María, considerando que éste, si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo. Me ayudó entonces el libro de San Luis María Grignion de Montfort titulado "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen''. En él encontré la respuesta a mis dudas. Efectivamente, María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva su misterio en Cristo. El tratado de San Luis María Grignion de Montfort puede cansar un poco por su estilo un tanto enfático y barroco, pero la esencia de las verdades teológicas que contiene es incontestable. El autor es un teólogo notable. Su pensamiento mariológico está basado en el Misterio trinitario y en la verdad de la Encarnación del Verbo de Dios.

Comprendí entonces por qué la Iglesia reza el Ángelus tres veces al día. Entendí lo cruciales que son las palabras de esta oración: "El Ángel del Señor anunció a María. Y Ella concibió por obra del Espíritu Santo... He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra... Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..." ¡Son palabras verdaderamente decisivas! Expresan el núcleo central del acontecimiento más grande que ha tenido lugar en la historia de la humanidad.

Esto explica el origen del Totus Tuus. La expresión deriva de San Luis María Grignion de Montfort. Es la abreviatura de la forma más completa de la consagración a la Madre de Dios, que dice:

Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt.
Accipio Te in mea omnia.
Praebe mihi cor Tuum, Maria.

De ese modo, gracias a San Luis, empecé a descubrir todas las riquezas de la devoción mariana, desde una perspectiva en cierto sentido nueva. Por ejemplo, cuando era niño escuchaba "Las Horas de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María'', cantadas en la iglesia parroquial, pero sólo después me di cuenta de la riqueza teológica y bíblica que contenían. Lo mismo sucedió con los cantos populares, por ejemplo con los cantos navideños polacos y las Lamentaciones sobre la Pasión de Jesucristo en Cuaresma, entre las cuales ocupa un lugar especial el diálogo del alma con la Madre Dolorosa.

Sobre la base de estas experiencias espirituales fue perfilándose el itinerario de oración v contemplación que orientó mis pasos en el camino hacia el sacerdocio, y después en todas las vicisitudes sucesivas hasta el día de hoy."

Juan Pablo II - "Don y Misterio"

Ecce ancilla Domini


La última fase de toda la apoteosis salvadora comenzó en Nazaret. Hubo intervenciones angélicas y sencillez asombrosa. Era la virgen o pártenos del Isaías viejo la destinataria del mensaje. Todo acabó en consuelo esperanzador para la humanidad que seguía en sus despistes crónicos e incurables. Los anawin tuvieron razones para hacer fiesta y dejarse por un día de ayunos; se había entrado en la recta final.

La iconografía de la Anunciación es, por copiosa, innumerable : Tanto pintores del Renacimiento como el veneciano Pennacchi la ponen en silla de oro y vestida de seda y brocado, dejando al pueblo en difusa lontananza. Gabriel suele aparecer con alas extendidas y también con frecuencia está presente el búcaro con azucenas, símbolo de pureza. Devotas y finas quedaron las pinturas del Giotto y Fra Angélico, de Leonardo da Vinci, de fray Lippi, de Cosa, de Sandro Botticelli, de Ferrer Bassa, de Van Eyck, de Matthias Grünewald, y de tantos más.

Pero probablemente sólo había gallinas picoteando al sol y grito de chiquillos juguetones, estancia oscura o patio quizá con un brocal de pozo; quizá, ajenos a la escena, estaba un perro tumbado a la sombra o un gato disfrutaba con su aseo individual; sólo dice el texto bíblico que "el ángel entró donde ella estaba".

Debió narrar la escena la misma María a san Lucas, el evangelista que la refiere en momento de intimidad.

Así fue como lo dijo Gabriel: "Salve, llena de gracia, el Señor es contigo". Aquel doncel refulgente, hecho de claridad celeste, debió conmoverla; por eso intervino "No temas, María, porque has hallado gracia ante de Dios; concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Éste será grande: se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará por los siglos sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin". La objeción la puso María con toda claridad: "¿Cómo será esto, pues no conozco varón?" No hacía falta que se entendiera todo; sólo era precisa la disposición interior. "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá será llamado santo, Hijo de Dios".

Luego vino la comunicación del milagro operado en la anciana y estéril Isabel que gesta en su sexto mes, porque "para Dios ninguna cosa es imposible".

Fiesta de Jesús que se encarnó -que no es ponerse rojo, sino que tomó carne y alma de hombre-; el Verbo eterno entró en ese momento histórico y en ese lugar geográfico determinado, ocultando su inmensidad.

Fiesta de la Virgen, que fue la que dijo "Hágase en mí según tu palabra". El "sí" de Santa María al irrepetible prodigio trascendental que depende de su aceptación, porque Dios no quiere hacerse hombre sin que su madre humana acepte libremente la maternidad.

Fiesta de los hombres por la solución del problema mayor. La humanidad, tan habituada a la larguísima serie de claudicaciones, cobardías, blasfemias, suciedad, idolatría, pecado y lodo donde se suelen revolcar los hombres, esperaba anhelante el aplastamiento de la cabeza de la serpiente.

Los retazos esperanzados de los profetas en la lenta y secular espera habían dejado de ser promesa y olían ya a cumplimiento al concebir del Espíritu Santo, justo nueve meses antes de la Navidad.

¡Cómo no! Cada uno puede poner imaginación en la escena narrada y contemplarla a su gusto; así lo hicieron los artistas que las plasmaron con arte, según les pareció ...

Yo hoy me quedo con esta imagen, la Virgen ha querido que celebre este día tan especial ante esta imagen suya, que tanto, tanto, tanto ha visto y oído en los últimos años de mi vida. Con Ella y en Ella : Fiat voluntas tua.

La Sombra del Padre



“Las palabras de Isabel a María: ‘Feliz la que ha creído’
se pueden aplicar en cierto sentido también a José...
es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios
y también en sostener a su Esposa en esta fe.
Junto con Ella, él es el primer depositario
del misterio escondido desde los siglos con Dios.”
 (Juan Pablo II)

Jesús es el tesoro más grande de Dios, junto con María, Su Madre. Y el Padre quiso preservar a Ambos, enviándoles un guardián: San José. José se convirtió así en sombra del Padre, porque él fue la sombra de Dios Padre para Jesús y María. Fue la cercanía de Dios, el silencio amoroso de Dios, ese amor escondido que –como manantial– brota constantemente y se derrama en su entorno.

José vivió su vida entera con un sólo corazón con Jesús y María; así se ofreció a Ellos totalmente. Y fue tan particular su actitud, su entrega, que salvando esos primeros momentos de desconcierto ante el embarazo de la Virgen María, se convirtió en el sostén del Hijo y la Madre de Dios.

No sólo protegió al Hijo y a su Madre, trabajó y veló por ellos incansablemente. ¡Quién pudiera penetrar los sentimientos de amor a Jesús y María que deben haber inflamado el justo corazón de San José! ¿Y quién podría enseñarnos mejor a amar a Jesús y a María que José? Santo y bienaventurado también él por haber creído esa anunciación que también él vivió a través de un ángel; “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque Ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mt 1, 20-21)

Durante la Fiesta de la Asunción, el Papa León XIII publicó la encíclica Quamquam Pluries. Y escribió: “... conocéis los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la religión cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia; una implacable guerra contra el Soberano Pontífice; y los fundamentos mismos de la religión socavados con una osadía que crece diariamente en intensidad.”

¿Acaso no nos suena familiar esta situación? ¿Acaso no es la misma situación que viven la Iglesia y el mundo hoy? León XIII anexó a la encíclica una oración especial a San José, ordenando que fuera añadida al rezo del Santo Rosario cada año en perpetuidad, durante el mes de Octubre :

"A ti recurrimos en nuestra tribulación bienaventurado José, y después de implorar el socorro de tu Santísima Esposa, pedimos también confiadamente tu patrocinio. Por el afecto que te unió con la Inmaculada Virgen, Madre de Dios, y por el amor paternal con que trataste al Niño Jesús, te rogamos que nos auxilies para llegar a la posesión de la herencia que Jesucristo nos conquistó con su sangre, nos asistas con tu poder y nos socorras en nuestras necesidades.
Protege, oh prudentísimo guardián de la Sagrada Familia a la raza elegida de Jesucristo; presérvanos, oh Padre amantísimo, de toda mancha de error y corrupción; muestratenos propicio, y asístenos desde lo alto del cielo, oh poderosísimo libertador nuestro en la batalla que estamos librando contra el poder de las tinieblas. Y así como libraste al Niño Jesús del peligro de la muerte, defiende a ahora a la Santa Iglesia de Dios contra las asechanzas del enemigo y contra toda adversidad.
Concédenos tu perpetua protección, a fin de que , animados por tu ejemplo y tu asistencia, podamos vivir santamente, piadosamente morir y así alcanzar la eterna beatitud del cielo. Así sea."

Tenemos, pues, todas las claves y todas las respuestas para inflamar nuestra devoción a San José. Nuestra Madre del Cielo lo espera de nosotros, desea que veneremos a San José, que nos acerquemos más a él, que imploremos su auxilio e imitemos sus virtudes. Después de todo, San José es también el Patrono del triunfo del Corazón Inmaculado de María.

ECOS DE FÁTIMA 35


PEREGRINOS DE FÁTIMA (X)

María, ayúdame a encontrarme...


Óscar.

“Polvo eres y en polvo te convertirás”. Así se nos recuerda cada miércoles de ceniza, al sernos esta impuesta sobre la cabeza. Hemos de ser conscientes de nuestra limitación, y también de nuestro egoísmo, y saber que día tras día hemos de luchar por corregir nuestras acciones equivocadas. Somos polvo y volvemos al polvo. La vida son unos años… la muerte los corona. Qué hagamos con ella es responsabilidad nuestra.

Acabamos de regresar de Fátima. Allí el mensaje es claro, terrible y hermoso a la vez: hemos de corregirnos, hemos de cambiar. Los hombres hemos cogido un camino que nos lleva a la autodestrucción, al infierno. La Virgen nos invita a dejar que se trasforme nuestro corazón. Y para ello es necesario luchar contra nosotros mismos… es necesario “morirnos” a nosotros mismos. Sólo entonces seremos felices.

En Fátima podemos ver con claridad los dos caminos: el de Cristo y el del mundo. Qué me ofrece Cristo y qué me ofrece el mundo. Nos cuesta, nos cuesta mucho dejarnos conquistar por Cristo, porque eso supone un dolor, el dolor de quien se entrega, de quien se encuentra con su miseria, con sus incoherencias y con sus faltas de amor… el dolor de ver que la propia vida es un sin-sentido. Pero cuando le abres paso, ese dolor se vuelve PAZ. La paz de saber que somos amados, que hay un amor infinito que puede con la desesperanza… que en medio de las luchas mi vida tiene un sentido. Pero mi vida solo puede tener un sentido si lo miro a Él, si se la doy a Él.

Vivir la vida desde mi puro criterio o vivir la vida haciendo de Cristo el fundamento de mi vida cambia como de la noche a la mañana. La primera opción se ampara en las fuerzas propias, que acaban en el agotamiento y en la muerte. La segunda opción se ampara en la fuerza y en el perdón de Dios que no pasa, acaban en el perdón de los pecados y en la vida eterna.

También hubo tiempo para la diversión… y para hacer el ridículo. El mundo nos ofrece diversión. Cristo no nos la quita, pero hace que nos divirtamos de una forma totalmente diferente a la que nos ofrece el mundo, que no le llega ni a la suela de los zapatos. Al final puedes decir: he tocado lo infinito, me siento lleno de dignidad, creo que puedo y quiero trasformar el mundo.

ECOS DE FÁTIMA 34


PEREGRINOS DE FÁTIMA (IX)

Mi corazón latiendo en el Suyo...




 
TT

Gracias Madre por tu SÍ, que nos dio la Vida y sigue vivificando a la Iglesia.

En Tu Corazón Inmaculado se aúna la belleza de la Creación, que Él sea siempre nuestro único Refugio.

¿Cómo no ofrecernos enteramente, consagrándonos a Tu Corazón?  
Entregarte toda nuestra vida, para que sea toda Tuya, sin reservas, a mayor gloria de Dios?

Madre y Reina mía, que mi corazón no cese de repetirte eternamente : TOTUS TUUS, MARIA!

Por Tí, Reina mía, hasta la sangre dar!!

Adveniat Regnum Tuum, Adveniat per Mariam!  ¡Viva el Papa!  ¡Viva la Virgen!
 



Santuario de Fátima, 12 de mayo de 2010  18:26
 
(Retransmisión del Viaje Apostólico del Papa Benedicto XVI a Portugal
en el X Aniversario de la beatificación de Jacinta y Francisco)

Reina y Madre de los Sacerdotes



Ofrecimiento y Consagración al
Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María

Madre Inmaculada,
en este lugar de gracia,
convocados por el amor de tu Hijo Jesús,
Sumo y Eterno Sacerdote, nosotros,
hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,
nos consagramos a tu Corazón materno,
para cumplir fielmente la voluntad del Padre.
Somos conscientes de que, sin Jesús,
no podemos hacer nada (cfr. Jn 15, 5)
y de que, sólo por Él, con Él y en Él,
seremos instrumentos de salvación para el mundo.

Esposa del Espíritu Santo,
alcánzanos el don inestimable de la transformación en Cristo.
Por la misma potencia del Espíritu que,
extendiendo su sombra sobre Ti,
te hizo Madre del Salvador,
ayúdanos para que Cristo, tu Hijo,
nazca también en nosotros.
Y, de este modo, la Iglesia pueda ser renovada por santos sacerdotes,
transfigurados por la gracia de Aquel que hace nuevas todas las cosas.

Madre de Misericordia,
ha sido tu Hijo Jesús quien nos ha llamado a ser como Él:
luz del mundo y sal de la tierra. (cfr. Mt 5, 13-14).
Ayúdanos, con tu poderosa intercesión,
a no desmerecer esta vocación sublime,
a no ceder a nuestros egoísmos,
ni a las lisonjas del mundo,
ni a las tentaciones del Maligno.
Presérvanos con tu pureza,
custódianos con tu humildad
y rodéanos con tu amor maternal,
que se refleja en tantas almas consagradas a ti
y que son para nosotros auténticas madres espirituales.

Madre de la Iglesia,
nosotros, sacerdotes,
queremos ser pastores que no se apacientan a sí mismos,
sino que se entregan a Dios por los hermanos,
encontrando la felicidad en esto.
Queremos cada día repetir humildemente
no sólo de palabra sino con la vida,
nuestro « aquí estoy ».
Guiados por ti,
queremos ser Apóstoles de la Divina Misericordia,
llenos de gozo por poder celebrar diariamente
el Santo Sacrificio del Altar
y ofrecer a todos los que nos lo pidan
el sacramento de la Reconciliación.

Abogada y Mediadora de la gracia,
tú que estás unida a la única mediación universal de Cristo,
pide a Dios, para nosotros,
un corazón completamente renovado,
que ame a Dios con todas sus fuerzas
y sirva a la humanidad como tú lo hiciste.
Repite al Señor esa eficaz palabra tuya:
«no les queda vino » (Jn 2, 3),
para que el Padre y el Hijo derramen sobre nosotros,
como una nueva efusión,
el Espíritu Santo.

Lleno de admiración y de gratitud por tu presencia continua entre nosotros,
en nombre de todos los sacerdotes,
también yo quiero exclamar:
«¿quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor? » (Lc 1, 43).

Madre nuestra desde siempre,
no te canses de « visitarnos »,
consolarnos, sostenernos.
Ven en nuestra ayuda
y líbranos de todos los peligros que nos acechan.

Con este acto de ofrecimiento y consagración,
queremos acogerte de un modo más profundo y radical,
para siempre y totalmente,
en nuestra existencia humana y sacerdotal.

Que tu presencia haga reverdecer el desierto de nuestras soledades
y brillar el sol en nuestras tinieblas,
haga que torne la calma después de la tempestad,
para que todo hombre vea la salvación del Señor,
que tiene el nombre y el rostro de Jesús,
reflejado en nuestros corazones,
unidos para siempre al tuyo.

Así sea.