Gracias, María, por ser Eucaristía.
María, mujer de Eucaristía
Gracias, María, por ser Eucaristía.
Danos hoy nuestro regalo de cada día ...
2. Empieza estirándote a tus anchas... Bueno, más que estirándote, sacudiéndote… Sí, como me oyes, como si tu cuerpo estuviera recibiendo una descarga eléctrica... A ver si de esta manera haces caer al niño que duerme en tu interior.
3. ¡Eh! ¿Dónde vas? ¿A lavarte? Espera un poco. Hoy vas a comenzar el aseo quitándote las legañas del corazón... ¿Que cómo...? Pues muy facilito, renuncia a tu ego por unos minutos (“Es que se me hace tarde, la que me espera en el trabajo, este dolor no se me pasa...”). Recuerda: sólo renunciando a tu yo, dejarás espacio a tu felicidad.
4. ¿Qué te estás poniendo nervioso..,? Eso es bueno, muy bueno. Nos empeñamos en tenerlo todo bajo control, en “domesticarlo” todo, incluso a Dios y, claro, nos perdemos los “encantos salvajes” de la vida.
5. Tantos nervios acumulados, tanta tensión incontrolada, para qué... ¿Te acuerdas de tus años de niño? (Si realmente has hecho correctamente el primer paso, te acordarás). ¿Recuerdas el día de Reyes? ¡Cuánta ilusión, verdad!... No te preocupes, esa actitud expectante es la que tienes que incorporar a tu vida.
6. ¡Hoy estás de enhorabuena! Hoy vas a recibir un hermoso regalo (hoy y todos y cada uno de los días que tú quieras). ¡Prepárate! ¿Ya?... ¡No, por Dios! Con esa cara hasta el regalo se va a asustar... ¡Eso es! Ahora mejor.
7. Salta de la cama y corre a tu corazón. Dios te está esperando con un “peazo paquete.” No te comas el coco pensando cómo agradecerle el obsequio... Ya tendrás tiempo a lo largo del día.
8. Dios sabe que pensar sobre el pasado o preocuparse en exceso por el futuro, nos priva del presente... Por eso hoy Dios te regala las próximas 24 horas. ¡Aprovéchalas! Y te aseguro que no tendrás tiempo para lamentarte por el ayer ni para obsesionarte por el mañana.
10. En cuanto al último punto, es todo tuyo. Esta noche antes de acostarte, intenta darle forma. Pregúntate por el regalo que Dios te ha hecho... ¿Has “jugado” tanto con él que estás a punto de mandarlo al trastero?... Si es así ¡Felicidades!... Dios mañana te va a regalar otro, más grande, más bonito. Dios, si tú quieres, sólo si tú lo deseas, te sorprenderá de nuevo...
“Ubi Mater, ibi Filius” - María en Pentecostés
María no pertenece al grupo de los Apóstoles, no ocupa un lugar jerárquico, pero es presencia activa y animadora primera de la oración y la esperanza de la comunidad. María es Madre, alma y aliento de la Iglesia naciente.
La presencia de María en el Cenáculo es solidaridad activa con la comunidad de su Hijo. Ella es la que con mayor anhelo y fuerza implora la venida del Espíritu. María es una mujer del Espíritu. Su vida está jalonada de intervenciones del Espíritu Santo. Por tanto, toda la vida de María se desarrolla en la fuerza del Espíritu.
Al recibir una vez más María al Espíritu Santo en Pentecostés, recibe la fuerza para cumplir la misión que de ahora en adelante tiene en la historia de la salvación: ser Madre de la Iglesia. Todo su amor y todos sus desvelos son ahora para los apóstoles y discípulos de su Hijo, para su Iglesia que es la continuación de la obra de Jesús.
Ella acompaña la difusión de la Palabra, goza con los avances del Reino, sigue sufriendo con los dolores de la persecución y las dificultades apostólicas. María, en el Cenáculo, es la Reina de los apóstoles y los protege; el Trono de Sabiduría que les enseña a orar y a implorar la venida del Espíritu, la Causa de la alegría y el Consuelo de los afligidos, por eso les anima.
Mater Sacerdotum, ora pro nobis
Oh María, Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:
acepta este título con el que hoy te honramos
para exaltar tu maternidad
y contemplar contigo
el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,
oh Santa Madre de Dios.
Madre de Cristo,
que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne
por la unción del Espíritu Santo
para salvar a los pobres y contritos de corazón:
custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,
oh Madre del Salvador.
Madre de la fe,
que acompañaste al templo al Hijo del hombre,
en cumplimiento de las promesas
hechas a nuestros Padres:
presenta a Dios Padre, para su gloria,
a los sacerdotes de tu Hijo,
oh Arca de la Alianza.
Madre de la Iglesia,
que con los discípulos en el Cenáculo
implorabas el Espíritu
para el nuevo Pueblo y sus Pastores:
alcanza para el orden de los presbíteros
la plenitud de los dones,
oh Reina de los Apóstoles.
Madre de Jesucristo,
que estuviste con Él al comienzo de su vida
y de su misión,
lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,
lo acompañaste en la cruz,
exhausto por el sacrificio único y eterno,
y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:
acoge desde el principio
a los llamados al sacerdocio,
protégelos en su formación
y acompaña a tus hijos
en su vida y en su ministerio,
oh Madre de los sacerdotes.
Amén.
El Sí de María renovado en los mártires
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"La Anunciación, narrada al inicio del Evangelio de San Lucas, es un acontecimiento humilde, oculto —nadie lo vio, nadie lo conoció, salvo María—, pero al mismo tiempo decisivo para la Historia de la humanidad. Cuando la Virgen dijo su "sí" al anuncio del ángel, Jesús fue concebido y con Él comenzó la nueva Era de la Historia, que se sellaría después en la Pascua como "nueva y eterna Alianza"
En realidad, el "sí" de María es el reflejo perfecto del de Cristo mismo cuando entró en el mundo, como escribe la carta a los Hebreos interpretando el Salmo 39: "He aquí que vengo —pues de mí está escrito en el rollo del libro— a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10, 7). La obediencia del Hijo se refleja en la obediencia de la Madre, y así, gracias al encuentro de estos dos "sí", Dios pudo asumir un rostro de hombre. Por eso la Anunciación es también una fiesta cristológica, porque celebra un misterio central de Cristo: su Encarnación.
"He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". La respuesta de María al ángel se prolonga en la Iglesia, llamada a manifestar a Cristo en la Historia, ofreciendo su disponibilidad para que Dios pueda seguir visitando a la humanidad con su Misericordia. De este modo, el "sí" de Jesús y de María se renueva en el "sí" de los santos, especialmente de los mártires, que son asesinados a causa del Evangelio."
(Ángelus, 25 de marzo de 2007. Solemnidad de la Anunciación)
María, Reina y Madre de Misericordia
María es también Madre de Misericordia porque Jesús le confía su Iglesia y toda la humanidad. A los pies de la cruz, cuando acepta a Juan como hijo; cuando, junto con Cristo, pide al Padre el perdón para los que no saben lo que hacen (cf. Lc 23, 34), María, con perfecta docilidad al Espíritu, experimenta la riqueza y universalidad del amor de Dios, que le dilata el corazón y la capacita para abrazar a todo el género humano. De este modo, se nos entrega como Madre de todos y de cada uno de nosotros. Se convierte en la Madre que nos alcanza la Misericordia divina.
María, Madre de Misericordia, cuida de todos para que no se haga inútil la Cruz de Cristo, para que el hombre no pierda el camino del bien, no pierda la conciencia del pecado y crezca en la esperanza en Dios, "rico en Misericordia" (Ef 2,4), para que haga libremente las buenas obras que Él le asignó (cf. Ef 2,10) y, de esta manera, toda su vida sea "un himno a su gloria" (Ef 1,12). "
María, Señora de la Pascua
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.Señora de la Pascua:
.Señora de la Cruz y la Esperanza.
.Señora del Viernes y del Domingo,
.Señora de la noche y la mañana
.Señora de todas las partidas,
.porque eres la Señora, escúchanos:
.Hoy queremos decirte: “muchas gracias”.
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.Muchas gracias, Señora, por tu Fiat:
.por tu completa disponibilidad de “Esclava”.
.Por tu pobreza y tu silencio.
.Por el gozo de tus siete espadas.
.Por el dolor de todas tus partidas
.que fueron dando la paz a tantas almas.
.Por haberte quedado con nosotros
.a pesar del tiempo y las distancias
..Tú conoces el dolor de la partida
.porque tu vida fue siempre despedida.
.Por eso fuiste y fue fecunda tu vida.
.Señora del Silencio y de la Cruz.
.Señora del Amor y de la Entrega.
.Señora de la Palabra recibida
.y de la palabra empeñada,
.Señora de la Paz y la Esperanza.
.Señora de todos los que parten,
.porque eres la Señora
.del camino y de la Pascua.
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.Señora de la Pascua:
.en las dos puntas de nuestro camino,
.tus dos palabras: fíat y magnificat.
.Que aprendamos que la vida es siempre
.un “sí” y un “muchas gracias”..Amén.
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. ."Invoquemos la plenitud de los dones pascuales por intercesión de María que, tras haber compartido los sufrimientos de la Pasión y crucifixión de su Hijo inocente, ha experimentado también la alegría inefable de su resurrección. Que, al estar asociada a la gloria de Cristo, sea Ella quien nos proteja y nos guíe por el camino de la solidaridad fraterna y de la paz.".
Stabat Mater... María junto a la Cruz
"Y a Ti, una espada te traspasará el alma" (Lc 2,34)
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Me preguntaba al meditar sobre este pasaje cómo María recibiría esta noticia... y recordaba las palabras al Ángel en la Anunciación... “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”. Su fiat…, encontré la respuesta en esa aceptación total porque Ella sabía, como toda Madre, que con Jesús su vida estaba unida a todos las circunstancias que vivirían juntos y entre éstas estaban las espadas de dolor..
¡Qué misteriosas palabras las de aquel anciano!... Las palabras pueden tener o no tener ningún valor, dependiendo de quién procedan. Si vienen de hombres y mujeres de Dios, de la “gente de esperanza”, de la gente que ha sabido aprovechar su vida y su experiencia…, entonces su valor es incalculable. ¡Dios puede estar detrás de lo que nos están diciendo!.
María puede descubrir en ese momento que su vida no va a ser fácil, que va a quedar unida a la suerte de su Hijo. Que el Hijo que lleva a presentar al templo será motivo de discordia, signo de contradicción. Que, a pesar de venir de Dios, no todos le van a reconocer ni todos le van a acoger.
María ha podido descubrir en las palabras de Simeón que el sufrimiento no va a estar ausente en la vida de ambos. Dios le ha llenado de su alegría y de su gracia pero no le va a evitar la capacidad para sufrir..
¿ Qué espada podemos quitar o evitar al Corazón de María ? . . .
- Te pedimos Señor que al recordar los dolores de la Virgen María completemos en nosotros, en favor de la Iglesia, lo que falta a la Pasión de Jesucristo.
La Cuaresma en la Escuela de María
. “María, Madre de misericordia, cuida de todos para que no se haga inútil la Cruz de Cristo, para que el hombre no pierda el camino del bien, no pierda la conciencia del pecado y crezca en la esperanza en Dios, “rico en misericordia”, para que haga libremente las buenas obras que El le asignó y, de esta manera, toda su vida sea “un himno a su gloria”. (VS)
. ¡Que María, Mediadora de todas las Gracias, nos lleve de la mano y nos acompañe durante esta Cuaresma hacia la Pascua para poder contemplar al Señor, Jesucristo Resucitado!
2 de febrero - Purificación de la Virgen Mª
- La obediencia. Ella, en realidad no tenía que estar sujeta a la ley de la purificación por haber concebido virginalmente a su hijo, sin embargo obedece con toda docilidad y sumisión.
- La pureza. María, aunque no tiene mancha legal, no duda en purificarse. Nosotros, en cambio, no somos tan diligentes para purificar nuestra conciencia, tantas veces manchada por el pecado y necesitada de perdón y limpieza. Nuestra Señora, en este pasaje, nos alienta a purificar el corazón para que la ofrenda de todo nuestro ser sea agradable a Dios, para que sepamos descubrir a Cristo, nuestra Luz, en todas las circunstancias. Ella quiso someterse al rito común de la purificación ritual, sin tener necesidad alguna de hacerlo, para que nosotros llevemos acabo la limpieza, ¡tan necesaria!, del alma. Su vida inmaculada es una llamada para que nosotros desechemos de nuestro corazón todo aquello que, aunque sea pequeño, nos aleja del Señor. La contemplamos purísima, exenta de toda mancha, y miramos a la vez nuestra vida, las flaquezas, las omisiones, los errores, todo aquello que ha dejado un mal poso en el fondo del alma, heridas sin curar... ¡Tú y yo sí que necesitamos purificación!.
- La pobreza. Las mujeres ricas ofrecían un cordero en la ceremonia de la purificación. María, la sierva humilde del Señor, no teme aparecer en público como pobre, y por esto presenta la ofrenda propia de las familias pobres, consistente en la entrega de dos tórtolas o dos pichones.
Oración de San Ildefonso a la Virgen María
Humildad de María ...para acoger "la Luz"
S.S. Benedicto XVI
Mensaje Urbi et Orbi - 25 diciembre 2007
¿Tuvo la Virgen María dolores de parto?
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Dice San Agustín (Sermón De Nativitate), hablando a la Virgen Madre: “Ni en la concepción se alejó de ti el pudor, ni en tu alumbramiento se hizo presente el dolor”.
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Aquí recojo las objeciones que ponen algunos por las que dicen que Cristo no nació sin dolor por parte de su madre y doy la respuesta correspondiente a cada argumento :
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1-. El parto con dolor es el castigo impuesto a Eva y a sus hijas por el pecado cometido. (Gen. 3,16)
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ARGUMENTO OPUESTO : Así como la muerte de los hombres fue una consecuencia del pecado de los primeros padres, “El día que comiereis, ciertamente moriréis” (Gen 2,17), así también lo es el dolor del parto “Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos” (Gen. 3,16). Ahora bien, Cristo quiso sufrir la muerte. Luego parece que, por el mismo motivo, su alumbramiento debió producirse con dolor.
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RESPUESTA : La Virgen María fue preservada de pecado original y jamás pecó (La Inmaculada Concepción de María), por lo tanto no tendría dolores de parto ya que estos son consecuencia del pecado. El dolor del parto en la mujer es consecuencia de la unión carnal con el varón. De donde después de haber dicho “parirás con dolor”, se añade “y estarás bajo el dominio del varón”. Pero, como dice S. Agustín (Sermón “De Assumptione Beatae Virginis”'), de tal sentencia debemos excluir a la Virgen Madre de Dios, la cual, “por haber concebido a Cristo sin la coluvie del pecado y sin el menoscabo de la unión con el varón, engendró sin dolor, sin violación de su integridad y permaneciendo intacto el pudor de su virginidad”. Cristo en verdad asumió la muerte pero por su propio deseo espontáneo, para satisfacer por nosotros, no como por necesidad emanada de aquella sentencia, porque El no era deudor de la muerte.
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2-. María “dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre” (Lc. 2,7)
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ARGUMENTO OPUESTO : En el libro De Ortu Salvatoris se cuenta que al nacimiento de Cristo asistieron las parteras, que parecen necesarias para la parturienta a causa del dolor. Luego parece que la Santísima Virgen dio a luz con dolor.
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RESPUESTA : Estos actos normalmente ocurren inmediatamente después del nacimiento y es difícil que María pudiese hacerlo si hubiese sufrido los dolores y la debilidad normales de un parto. En Lc 2,7 se narra que la propia Santísima Virgen envolvió en pañales y colocó en el pesebre al Niño que acababa de dar a luz. Y con esto queda demostrado que la narración de ese libro (De Ortu Salvatoris), que es apócrifo, es falsa. De donde dice Jerónimo en su Contra (Adv. Helvid IV) : “No hubo allí partera alguna, ni se hizo presente diligencia alguna de mujercillas. María fue la madre y fue la partera. “Envolvió al Niño en pañales”, dice, “y lo colocó en el pesebre” ... Estas palabras ponen de manifiesto los disparates de los apócrifos.
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3-. Cristo muriendo destruyó nuestra muerte (2 Tim. 1, 10)
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ARGUMENTO OPUESTO : El fin concuerda con el principio. Pero el fin de la vida de Cristo se produjo con dolor, según Is. 53,4: “cargó con nuestros dolores”. Luego parece que también en su nacimiento debió existir el dolor del parto…
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RESPUESTA : Como Cristo muriendo destruyó nuestra muerte (2 Tim 1,10), así con su sufrimiento nos libró a nosotros de los dolores; y por este motivo quiso morir con dolor. Pero el dolor de la madre en su alumbramiento no pertenecía a Cristo, que venía a satisfacer por nuestros pecados. Y por eso no fue necesario que su madre le diera a luz con dolor.
¿Qué es consagrarse a María?
. Consagrarnos a Ella significa dejarse llevar sin condiciones, sabiendo que Ella conoce mejor el camino y que podemos dormir tranquilos en sus brazos de madre.
. Consagrarse a María significa vivir permanentemente en su Inmaculado Corazón, dentro del Corazón divino de Jesús. Es dejar que Ella actúe por medio de nosotros. Es como prestarle nuestra lengua para que hable por nosotros y nuestro corazón para que ame a los demás por nuestro medio. En una palabra, es vivir en unión total con María para que podamos llegar a decir: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí por medio de María. Por eso, un consagrado a María debe confiar plenamente en Ella y dejarse llevar por Ella sin condiciones.
. Todos sabemos que el lema del escudo del Papa Juan Pablo II era Totus tuus (todo tuyo); palabras colocadas debajo del anagrama de María. Él aprendió a consagrarse a María en los escritos de san Luis María Grignion de Montfort. Este santo propone, como el camino más rápido para llegar a la santidad y como un secreto para los más esforzados, el consagrarse a María como esclavos, es decir, entregarnos totalmente a Ella, para que por medio de Ella seamos totalmente de Jesús.
. Esta doctrina de la esclavitud mariana, que a algunos parece un poco trasnochada, no lo está, porque entregarnos y consagrarnos a María, siempre será el mejor medio para vivir enteramente con Jesús, en Jesús y para Jesús. Decía el Papa Juan Pablo II:
. Esta doctrina de la consagración total a María, es una doctrina tan elevada y maravillosa que el diablo no quería que se publicara. Cuando san Luis María Grignion de Montfort escribió su libro Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, profetizó, inspirado por Dios, que el demonio haría todo lo posible para destruir este escrito. Dice así:
. “Preveo claramente que muchas bestias rugientes llegan furiosas a destrozar con sus diabólicos dientes este humilde escrito y a aquel de quien el Espíritu Santo se ha servido para redactarlo, o sepultar al menos estas líneas en las tinieblas o en el silencio de un cofre a fin de que no sea publicado. Atacarán incluso a quienes lo lean y pongan en práctica”.
. Eso fue precisamente lo que sucedió en la realidad, pues el manuscrito quedó escondido en un cofre durante los días difíciles de la Revolución Francesa. Un misionero lo encontró en 1842. Pero faltaban unas 96 páginas al comienzo y no se sabe cuántas al final. Sin embargo, la providencia de Dios quiso que se conservara lo esencial de la obra, donde se habla de la esclavitud mariana para gloria de Dios y santificación de las almas.
. Por eso, nosotros podríamos suscribir las palabras de este gran santo que dice :
. "El corazón me ha dictado cuanto acabo de escribir con alegría particular para demostrar que la Llena de Gracia ha permanecido hasta ahora poco amada y que ésta es una de las razones de que Jesucristo no sea todavía conocido como debe serlo. De modo que, si el conocimiento y el reinado de Jesucristo debe extenderse en el mundo, como ciertamente sucederá, esto sucederá como consecuencia necesaria del conocimiento y reinado de la Santísima Virgen. Quien lo trajo al mundo la primera vez, lo hará resplandecer también en la segunda.
. Ahora bien, no solamente podemos consagrarnos nosotros personalmente a María. También es muy importante que consagremos a nuestros seres más queridos y a otras personas o sus trabajos y cosas importantes. Consagrarlos es como ponerlos bajo el manto de María para que Ella los cuide y proteja con una especial protección. Por eso, es muy hermoso, cuando las madres consagran a su hijos al nacer."
. Este gran santo recomienda, para asimilar y vivir cada día más intensamente nuestra consagración, repetir continuamente:
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Algunas fórmulas de consagración conocidas :
Oh, María, Madre mía, yo me consagro del todo a Tí y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser y ya que soy todo tuyo, Oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a cosa y posesión tuya. Amén.
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Mi boca para cantarte,
Acepta, Madre, este don,
Que nunca sea traidor
Que, aunque el dolor me taladre
En la dicha, en la aflicción,
Consagraciones a la Virgen María
Aquí iremos recogiendo las huellas a través del tiempo de aquellos que han sabido fiarse a través de la Historia, así como las diversas formas y fórmulas que utilizaron para hacerlo.
- LA CONSAGRACIÓN MÁS ANTIGUA A LA VIRGEN MARÍA :
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Según estudios del P. Aldano, la fórmula más antigua, que primitivamente usaba Juan de Leunis es ésta:
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“Santísima Virgen y Madre de Dios, María, Yo, (...) te escojo por Señora, Abogada y Madre, y propongo firmemente servirte siempre en adelante y, en cuanto de mí dependa, procurar seas de todos fielmente servida. Asísteme en todas mis acciones y alcánzame gracias para que de tal manera, rija mis palabras, obras y pensamientos, que nunca ofendan tus ojos ni los de tu Santísimo Hijo”.
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Conocida por “oración eficacísima”, sigue siendo la más usada hasta nuestros días. Su gran difusor y propagador fue el P. Zucchi :
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“¡Oh Señora mía, oh Madre mía!, Me ofrezco del todo a vos y en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón y todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, Oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra”.
Ofrecimiento al Corazón de Jesucristo
________________________________San Claudio de la Colombière
. Con la mayor sinceridad (al menos así lo espero) desde este momento deseo olvidarme de mí mismo y de cuanto pueda tener relación conmigo, para eliminar todo obstáculo que pueda impedirme entrar en tu Corazón divino que has tenido la bondad de abrirme y en el que ansío entrar junto con tus servidores más fieles, para vivir y morir invadido e inflamado por tu amor...
. Sagrado Corazón de Jesús, enséñame a olvidarme enteramente de mi, ya que éste es el único camino para entrar en Ti. Y puesto que cuanto haré en adelante será tuyo, haz que no realice nunca nada que no sea digno de Ti.
. Enséñame qué debo hacer para llegar a la pureza de tu amor, del que me has infundido tan gran deseo. Experimento una gran voluntad de complacerte, pero al mismo tiempo me veo en la imposibilidad de realizarlo sin tu luz especial y tu ayuda.
. Cumple en mí tu voluntad incluso contra mi querer.
. A Ti corresponde, Corazón divino de Jesús, cumplirlo todo en mí; y de este modo, si llego a santo, tuya será la gloria de mi santificación. Para mí esto es más claro que la luz del día, pero para Ti será una magnífica gloria. Sólo para esto deseo la perfección.
Acto de Confianza en Dios
. Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.
. Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.
. A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.
_ Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé , Señor, y jamás seré confundido.
. Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.
. En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad.
Decálogo de un día feliz
___________________________________________________ Paco Cerro.
1. Hoy seré todo lo feliz que pueda.
2. No me llevaré más disgustos que los que no tenga más remedio.
3. No pensaré en aquellas cosas que dejan mi alma sin esperanza.
4. Lo veré todo como un regalo, que hay que saber descubrir.
5. Me convenceré de que la felicidad tiene mucho que ver con vivir con bondad de corazón.
6. Me reconciliaré con todas mis deficiencias.
7. Nunca me cargaré con aquello que no pueda soportar.
8. Aceptaré una por una mis limitaciones.
9. Sabré que mientras hay vida, hay esperanza.
10. Gustaré en cada momento los mejores instantes del día
Decálogo de la SERENIDAD
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.
3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.
4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiere ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.
8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente – aunque las circunstancias demuestren lo contrario – que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Reglas para una vida más fácil ...
La vida sería tan fácil si todos tuviéramos siempre en cuenta estas sencillas reglas :
Si abriste, cierra.
Si encendiste, apaga.
Si conectaste, desconecta.
Si desordenaste, ordena.
Si ensuciaste, limpia.
Si rompiste, arregla.
Si no sabes arreglar, busca a quien sepa.
Si no sabes qué decir, cállate.
Si debes usar algo que no te pertenece, pide permiso.
Si te prestaron, devuelve.
Si no sabes cómo funciona, no toques.
Si es gratis, no lo desperdicies.
Si no es asunto tuyo, no te entrometas.
Si no sabes hacerlo mejor, no critiques.
Si no puedes ayudar, mejor no molestes.
Si prometiste, cumple.
Si ofendiste, discúlpate.
Si no sabes, no opines.
Si opinaste, hazte cargo.
Si algo te sirve, trátalo con cariño.
Y si no puedes hacer lo que quieres,trata de querer lo que haces.
"No te ahogues en un vaso de agua"
El Rosario, camino de oración ...
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REFLEXIONES SOBRE LA LECTURA DEL LIBRO
"El Rosario. Un camino hacia la oración incesante" de J. Lafrance
- En cuanto a los que no han hecho la experiencia, que acepten no juzgar demasiado deprisa y se pongan a orar a la Virgen recitando con humildad el Rosario; no tardarán en experimentar la presencia de María en toda su vida. Pues esta es la paradoja que ha hecho nacer este libro: no hay ninguna proporción entre lo que podemos hacer: rezar sencillamente el Rosario - yo diría, recitarlo materialmente -, y lo que es una gracia del Espíritu: "que ella esté too el tiempo con nosotros".
- Es un hecho de experiencia que cuando una persona reza el Rosario con confianza y perseverancia, pronto o tarde, siente nacer en su corazón la oración incesante del Espíritu.
- Cuando no se puede hacer de la oración un asunto de calidad, dice Anthony Bloom, hay que hacer de ella un asunto de cantidad. Dios se encargará de darle forma; nosotros, encarguémonos de la materia. Poco importa que lo digamos bien o mal, que tengamos más o menos distracciones y que no sepamos ya donde estamos; desde el momento en que lo rezamos con María y en ella, estamos en el camino de la oración incesante.
- Fue la Virgen la que obtuvo para los apóstoles en el Cenáculo la gracia de permanecer y perseverar en la oración, esperando la venida del Espíritu Santo. Es hacia ella donde tenemos que volvernos hoy para obtener el don de la súplica continua.
- Pero lo que es más admirable en ella, es el acto de libertad que le ha llevado a fiarse de Dios y a creer en él.
- María no sabe hacer más que esto: orar para abandonarse a la voluntad del padre en el silencio.
- El amor maternal de María la hace estar atenta a los hermanos de su Hijo que continúan su peregrinación de fe y que se encuentran comprometidos en sus pruebas y luchas: ella intercede en su favor. De este modo, su amor maternal se concreta en su presencia a nuestro lado y sobre todo por el poder de su intercesión. Por nuestra parte, nuestro amor filial se expresa por una actitud vigilante para conservar la presencia de María, a través de nuestra acción y de nuestra oración, pero sobre todo por una incansable intercesión que nos mantiene colgados a ella. El amor es el lazo más profundo que tenemos con ella y que se concreta en la intercesión.
- Una persona me hizo un día esta confidencia; había experimentado una gran conversión con la experiencia sensible de la presencia actuante de María durante algún tiempo. Luego todo se había esfumado, pero permanecía en el fondo de su corazón un apego de fe a María, que se traducía en la recitación continua del Rosario.
- Al mirar nuestro rostro en el purísimo espejo de la Virgen, descubriremos lo que impide en nosotros la santidad de Dios.
- Deseo de unificar toda la vida de oración, tanto las horas de oración como la oración difusa a lo largo de la jornada, en torno al Avemaría.
- No es raro encontrar personas que multiplican los Rosarios o dicen a menudo la oración de Jesús, pero no son hombres de oración porque su corazón no está habitado por un deseo punzante y perseverante de súplica e intercesión.
- Como dice Cristo: "si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino". ¿Habéis caído en la cuenta de que Jesús no contesta inmediatamente a Nicodemo cuando éste le pregunta: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?" sino que le contesta en la cruz. San Juan anota que Nicodemo estaba en el Calvario (Jn 19, 39). Por lo que escuchó lo que le dijo a Juan. "He ahí a tu Madre", en el seno en la cual debes entrar para volver a nacer.
- Los dones de Dios son gratuitos, pero no son arbitrarios; hay que pedirlos con fe y confianza.
- Lo que caracteriza a María y también a su oración, es que estuvo siempre centrada en Dios, y por tanto descentrada de sí misma. Este es el sentido de su título de Inmaculada.
- Podemos como ella retener y meditar en nuestro corazón los acontecimientos de la vida de Jesús y descubrir, a su luz, el sentido de nuestra propia vida.
- Como nuestros primeros padres, antes de la caída, vivía en familiaridad habitual con Dios. Por eso los Padres de Oriente la llamaron Madre de la oración incesante.
- El Espíritu que habla dentro, en lo más íntimo del corazón, es también el que habla fuera por los acontecimientos y la Palabra.
- El consentimiento que da de una vez para siempre al ángel Gabriel no la dispensa de acrisolar su fe al hilo de los acontecimientos de cada día, dando preferencia permanente al pensamiento de Jesús sobre el suyo.
- Omnipotencia por suplicante.
- Como María vivía en la misma oscuridad que nosotros, debemos recurrir a ella en todas las dificultades que tocan a la fe. Igual pasa con la perseverancia en la oración; por eso su presencia era indispensable junto a los apóstoles en el Cenáculo.
Invocaciones al Sagrado Corazón de Jesús
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti la grazia che il nostro cuore sia sempre più simile al tuo.
2. Cuore divino di Gesù, che sei profondo abisso di virtù sacerdotali e perciò modello di coloro che per tua degnazione sono tuoi ministri;
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti la grazia che, innamorati di tali virtù, le riproduciamo fedelmente e generosamente nel corso della nostra vita.
3. Cuore divino di Gesù, che dal primo istante della tua concezione esercitasti con perfezione infinita gli atti della più profonda e sentita religione verso la Santissima Trinità;
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti la grazia che, nell 'adorazione e nel ringraziamento, nella riparazione e nella preghiera, il nostro cuore totalmente consacrato a lei si effonda verso la stessa Trinità.
4. Cuore divino di Gesù, che non contento d'esserti immolato sulla Croce per la gloria del Padre e la salvezza dei fratelli, volesti rinnovare senza posa il medesimo sacrificio sugli altari del mondo;
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti la grazia che, a tua imitazione, siamo pronti a sacrificare tutto, anche la vita, per vedere salvato un numero maggiore di fratelli, e Dio sempre più glorificato.
5. Cuore divino di Gesù, che hai voluto essere trafitto sulla croce dalla lancia del soldato perchè la ferita visibile ci manifestasse la ferita invisibile, anche più profonda e sanguinante, prodotta da ingratitudini, disprezzi, sacrilegi e freddezze da parte delle anime a te consacrate;
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti la grazia che, sempre lontani dall' accrescere col peccato e con l'infedeltà l'intimo tuo dolore, ti offriamo una degna riparazione.
6. Cuore divino di Gesù, che sei inesauribile fonte di vita e di santità;
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti la grazia di attingere abbondantemente alle tue sorgenti affinchè, come esige la nostra vocazione, diventiamo veramente santi per cooperare, con i mezzi più efficaci, alla santificazione di coloro che ci hai affidato.
7. Cuore divino di Gesù, che nell'eccesso della tua infinita carità volesti rimanere con noi nella Santissima Eucaristia, per essere il nostro paradiso in terra e per prepararci nell 'esercizio della fede e dell’amore, alla gioia del cielo;
- concedi a noi e a tutti i sacerdoti che, dopo aver trovato nel tuo divin Sacramento la forza e la consolazione di servirti in vita, veniamo a farti corona nel cielo, dove sarai in eterno la letizia di tutti i Santi.
A María, Madre del Sacerdote
Tu sei la Madre di Cristo, unico ed eterno Sacerdote, fonte e pienezza del sacerdocio per tutto il popolo di Dio.
La tua maternità divina ti ha chiamata, accanto alla croce, ad unirti in maniera unica all'offerta immacolata che Cristo tuo figlio ha fatto al Padre.
In quell' ora suprema Gesù ti ha affidato, nel discepolo Giovanni, particolarmente i ministri sacri.
Per questo, invocandoti come Madre del Sacerdote, ti preghiamo di accogliere nel tuo cuore e di proteggere tutti i ministri della Chiesa.
Mostrati madre a tutti i sacerdoti: conferma nell'amore i ferventi, consola coloro che sono nella tribolazione, ridona il fervore a coloro che sono stanchi, sii vicina a quelli che hanno il cuore ferito, perche tutti rimangano o ritornino al Cuore sacerdotale del tuo figlio, accompagna quelli che lasciano il ministero, perche continuino a credere nel suo amore.
Tieni a te vicino quelli che il Cuore sacerdotale di Cristo ha chiamato e chiamerà a far parte di questo piccolo gregge: formali alle caratteristiche virtù sacerdotali perché - sull'esempio di Giovanni - possano vivere in profonda comunione con Gesù e con te.
Intercedi, infine, o Madre di misericordia, affinche tutti i sacerdoti, sostenuti sino alla fine dal tuo aiuto, cantino eternamente con te l'inno di lode nella liturgia del cielo.
Amen.
Esas son cosas de mi Madre ...
Dicen que un día San Pedro andaba de mal humor en el Cielo... Se presentó ante el Señor Jesús y le dijo: Maestro, sabes que se van a cumplir dos mil años que me hiciste "portero" del Cielo al darme las llaves del Reino... Desde entonces no ha entrado aquí nada que no esté más limpio que el sol... En esto soy puntilloso... lo sabes...
Consagración de sí mismo a Jesucristo, la sabiduría encarnada, por medio de María.
.-....Os doy gracias porque os habéis anonadado y tomado la forma de esclavo para sacarme de la cruel esclavitud del demonio.
.Os alabo y glorifico porque os habéis sometido a María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin de hacerme por Ella vuestro fiel esclavo. Pero ¡ay! Ingrato e infiel como soy, no he cumplido mis deberes, no he cumplido los votos y promesas que tan solemnemente hice en el bautismo, no he merecido ser llamado vuestro hijo ni vuestro esclavo; y como nada hay en mí que no merezca vuestra repulsa y vuestra cólera, no me atrevo a acercarme por mí mismo a vuestra Santísima y augusta Majestad.
-.....Por esto he recurrido a la intercesión de vuestra Santísima Madre, que Vos me habéis dado como mediadora ante vos, y por este medio espero obtener de Vos la contrición y el perdón de mis pecados, la adquisición y la conservación de la Sabiduría.
.-....Os saludo, ¡oh María Inmaculada!, tabernáculo viviente de la divinidad, en donde la Sabiduría eterna escondida quiere ser adorada por los ángeles y los hombres; os saludo, ¡oh Reina del cielo y de la tierra!, a cuyo imperio está sometido todo lo que hay debajo de Dios. Os saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores!, cuya misericordia no falta a nadie; escuchad los deseos que tengo de la divina Sabiduría y recibid para ello los votos y las ofrendas que mi bajeza os presenta.
.-....Yo, N…...…, pecador(a) infiel, renuevo y ratifico hoy en vuestras manos los votos de mi Bautismo. Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz tras El, todos los días de mi vida; y a fin de que sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, os escojo hoy, ¡oh, María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y Señora. Os entrego y consagro, en calidad de esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándoos entero y pleno derecho de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y la eternidad.
.-....Recibid, ¡oh virgen benignísima!, esta pequeña ofrenda de mi esclavitud, en honor y unión de la sumisión que la Sabiduría encarnada quiso observar para con vuestra Maternidad, en homenaje del poder que ambos tenéis sobre este pequeño gusano y miserable pecador, en acción de gracias por los privilegios con que os dotó la Santísima Trinidad. Protesto que en adelante quiero, como verdadero esclavo vuestro, procurar vuestra honra y obedeceros en todo.
-.....¡Oh Madre admirable! Presentadme a vuestro Hijo en calidad de eterno esclavo, a fin de que, pues me rescató por Vos, me reciba de vuestras manos.
-.....¡Oh Madre de misericordia!, concededme la gracia de alcanzar la verdadera sabiduría de Dios, y de colocarme, por tanto, entre los que Vos amáis, enseñáis, guiáis, alimentáis y protegéis como a vuestros hijos y esclavos.
-.....¡Oh Virgen fiel! Hacedme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que por vuestra intercesión llegue, a imitación vuestra, a la plenitud de la perfección sobre la tierra y de gloria en los cielos. Así sea.
